En estas páginas, el escritor escocés sorprende al lector con momentos de aguda caracterización y genuino desarrollo de personajes. Las secuencias más inolvidables ocurren, por ejemplo, durante las conversaciones entre Bruce Wayne y su mayordomo, Alfred Pennyworth. Bruce permanece inmóvil, rodeado de relojes que se han detenido exactamente a la misma hora, la hora de la muerte de su padre; y cuando es interrumpido por Alfred parece estar mucho más preocupado y tenso que de costumbre. También estamos al tanto de las pesadillas de Bruce (o “terrores diurnos” como los llama Alfred), en las que ve a su padre, todavía vivo, pero horriblemente desfigurado, sin boca e incapaz de hablar con su hijo.
domingo, 4 de agosto de 2019
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